Camino de Santiago VIII

 

CASTAÑOS1

Capítulo 7. Sahagún-Molina Seca

Reflexión: Una mente emocionalmente flexible, unos hábitos alimentarios saludables,  confianza y  seguridad en uno mismo y en el Camino te permiten llegar donde te marques, a pesar de los obstáculos irracionales o interesados de algunos.

Desde Sahagún a Santiago hay mucho escrito y muy bueno, con lo que mi aportación no lo va a mejorar pero al menos, intentaré complementarlo con los paisajes descritos o con anécdotas que os puedan enriquecer en la grandeza del Camino, pues éste te da la oportunidad de servir a los demás y también de recibir aquello que necesitas, no lo que quieres.

A partir de esta nueva situación de pernoctar en otro albergue al pensado, hizo que tuviéramos que recomponer nuestras decisiones y etapas. Los albergues privados de nueva creación no disponían de cocina con lo que el caminar se podía encarecer bastante pues aunque te permitiesen mayor comodidad no permitían cocinarte aquellos alimentos que necesitaras para hacer las etapas largas de 40 ó 45 km. previstas. Así que decidimos hacer etapas de menor distancia, 30 ó 35 km. como máximo y tener en cuenta los destinos de etapa en función de la disponibilidad de albergues municipales o de hospedajes proporcionados por la Asociación de Amigos del Camino que tuvieran cocina. Mi compañero Miguel no aceptaba otra opción y, mientras no tuviéramos otra solución, optamos por caminar en función de esos destinos. Pero nuestro problema era que los albergues municipales se llenaban antes porque valían 5 euros frente a los 7 de los privados y para poder acceder a ellos debíamos  llegar pronto y por ello pensamos en una nueva estrategia porque con etapas de 10 ó 12 horas no llegábamos a tiempo. El Camino parecía una carretera en hora punta, la gran avalancha de peregrinos era un problema así que tuvimos que incrementar el esfuerzo y el ritmo para encabezar la “carrera” por el Camino en busca de ese final de etapa con recompensa. Lamentablemente esta nueva estrategia hizo que nuestra compañera italiana se quedara atrás por motivos físicos entre ellos las habituales  ampollas generadas por exceso de calentamiento en sus pies motivado por el intenso ritmo que llevábamos.  Recuerda, si se calienta el pie hay que refrescarlo lo antes posible y si en una hora tras refrescarlos los vuelves a notar calientes es momento para parar y descansar. Si por desgracia ya se ha formado la ampolla hay que pasar un hilo por ella y dejarlo puesto para que sirva de drenaje y  salga el líquido poco a poco. En cuanto a los problemas de las agujetas causadas por el caminar, comentar que después de cuatro días caminando y equilibrando kilómetros/resistencia individual, no tendrás problemas con ellas y a partir del quinto, si no has sobrepasado tu condición física, podrás comenzar a caminar más kilómetros sin que desfallezcas. Yo he realizado el Camino cuatro veces, habré hecho unos 2300 km. y no he tenido que curar ninguna ampolla, eso sí, antes de partir, he hecho una preparación previa consistente en;  los primeros días ando menos de 20 km. y voy subiendo poco a poco hasta alcanzar 50 km. a base de horas y horas de caminar.

En lo relacionado con la nutrición, Miguel Ángel me  enseñó a nutrirnos a base de proteínas vegetales.

En conclusión, propongo para efectuar el camino: ir bien físicamente,  comer adecuadamente y ajustar el coste económico.

Todo esto ya lo he sugerido antes pero además quiero añadir la importancia de una alimentación como la que me enseñó Miguel Angel.

Miguel y yo nos compenetramos tanto que siguió el Camino conmigo hasta Astorga, donde nos despedimos como dos amigos de siempre. Hoy tengo en mi poder las fotos que me envío de nuestro caminar como un gran tesoro.

Mientras, mi objetivo de llegada a Santiago era para el 25 de septiembre pues al día siguiente debía estar en un acto social importante: la boda de una compañera de la empresa.

 

De nuevo sólo, mi caminar se hizo más pensativo, reflexivo e incluso filosófico. Contemplaba la naturaleza que me rodeaba en cada zancada que daba mientras mi mente permanecía distraída con las reflexiones. Mientras, atravesaba paisajes  nuevos, ricos en vida tanto animal como vegetal. Me resultaba llamativo que ahora el Camino parecía una vía más parecida a la de una ciudad que a la de una senda de peregrinaje, pues habían abierto muchos nuevos bares y albergues privados desde mi último peregrinaje, con una connotación muy destacada con respecto a mi primer camino en el que observé un equilibrio entre albergues y peregrinos. Hoy el camino es una forma de vida para muchas personas. No hay diferencia entre un bar de una ciudad cualquiera al bar del camino, incluso es a menudo todo más caro y de alguna forma te manifiestan que tienes que consumir sus productos y no te admiten lo que puedas haber comprado

Respecto al sellado de peregrino, yo, normalmente, sólo sello donde duermo y algunas veces, si me gusta el lugar y el trato a peregrino, donde como. Pero un día vi un bar que tenía buena pinta y me dispuse a tomar una cerveza. Al contemplar a la señora que estaba sellando le ofrecí mi credencial para tal fin y cuál fue mi sorpresa que me dijo que al no ser cliente no me sellaba, ante mi perplejidad y sus absurdas e infantiles justificaciones llenas de energía negativa me salí de ese lugar sin beber esa cerveza que tanto me apetecía.

Seguí pernoctando en los albergues municipales o en aquéllos que siendo privados tuvieran cocina al pertenecer a asociaciones. En lo referente a la comida se me presentaba un problema pues los botes de legumbres que adquiría eran de medio kilogramo, demasiado para una sola persona, con lo que  a veces compartía con otros peregrinos quienes las aceptaban gustosamente, pero en otras al coincidir con peregrinos organizados les ocurría lo mismo, así que en más de una ocasión en vez de tirar la comida a la basura, las dejábamos con cárteles para que las pudieran consumir otros.

Hice amistades en el Camino, pero siempre nuevas o en  los compartimientos de literas de los albergues pues caminaba más kilómetros que la media y, por tanto, siempre iba por delante de los recién conocidos, o incluso caminaba más allá de las 3 de la tarde, momento en el que muchos de éstos paraban.

Al entrar en la comunidad gallega, incorporé a mi dieta un racimo de uvas y manzanas “gorrineras”, pues son las que echan a los cerdos o a las gallinas en Galicia. De sabor agridulce, me aportaban nutrientes y aplazaban la sed y el hambre hasta casi tres horas. Recuerdo que mi alimentación se basaba en un desayuno de café con tostada impregnada de aceite y azúcar. A las tres horas  de caminar tomaba dos manzanas. Al mediodía, tomaba un bocata de tortilla francesa o de sardinas, con una cerveza. Y por la noche, ensalada con productos mediterráneos, legumbres, verduras, tomates y aceitunas. En lo relacionado con la hidratación,  tomaba una botella de agua de 33 cl., cada 3 ó 4 horas.

El paisaje iba cambiando a medida que me adentraba en Galicia, que junto a la proximidad del otoño, hacía que la presencia de nogales y castaños irradiasen un colorido majestuoso al Camino. Del mismo modo, muchos de estos campos estaban siendo cultivados por mujeres que cuidaban de su ganado, mínimo 6, pues como decían: ” si no reúnes 6 no puedes vivir de ellas”. Entre charlas con los campesinos, y encuentros con otros peregrinos mis horas de andadura se hacía cortas y, además, con la experiencia de las etapas anteriores, mi cuerpo no mostraba el cansancio, gracias también a la dieta que llevaba. Pero como no quería que el caminar se hiciese tedioso, continuamente improvisaba y me adaptaba a las nuevas circunstancias.

La llegada a Molina Seca está precedida por un descenso por senderos de piedra, llegando incluso en algunos momentos a una pendiente del 40%, y para entrar debes atravesar su puente sobre un pequeño río,  donde algunas personas se bañaban o se remojaban hasta las rodillas, y me dieron ganas de acompañarles, pero como se estaba ocultando el sol no quería llegar tarde al albergue municipal.  Antes de llegar al albergue me detuve en el supermercado para comprar provisiones para la cena, y tras llenar la bolsa me apresuré por llegar por unas calles casi desiertas. Sin embargo al llegar me indicaron que no había camas. Ante la adversidad me dispuse a localizar al hospitalero (persona que tiene la obligación de darte sitio para dormir), a quien no localicé en las indicaciones que me daban. Así que me dirigí al albergue privado, donde tampoco había alojamiento. No me quedaba otra que albergarme en un hotel o pensión, pero al preguntar por uno, me indicaron que no había. Sin embargo, recordaba haber pasado delante de uno no muy lejos de donde me encontraba que anunciaba “habitaciones y camas” y otro rótulo más pequeño que indicaba “albergue”. Me resultó extraño, pero pasé a preguntar y efectivamente había un pequeño albergue que dependía del hotel, que con 16 plazas disponía en ese momento de 8 plazas libres. Mi perplejidad era cada vez más alta, hasta que, una vez pagado y asignado una cama, me acompañó el dueño del hotel quien me explicó que “celos profesionales” del hospitalero hacía que no publicitaran su hospedaje. Resuelto el absurdo interrogante, me dirigí al albergue donde al entrar saludé a mis jóvenes compañeros de nocturnidad. Tras el aseo y la ducha, me hicieron sitio para hacerme la cena en la cocina y, como otras veces, me sobró comida que junto a la que les sobró a mis compañeros  fueron aprovechadas por cuatro peregrinos que llegaron más tarde que no tenían nada para cenar. Ya en el patio, arreglé una lámpara que nos permitió iluminarlo para la posterior charla y  mi lectura diaria previa al descanso nocturno. Recuerdo una anécdota de este albergue y es que  los más jóvenes salieron por el pueblo y llegaron cerca de 1, pero mi descanso apenas fue interrumpido.

 

Reflexión: Una mente emocionalmente flexible, unos hábitos alimentarios saludables,  confianza y  seguridad en uno mismo y en el Camino te permiten llegar donde te marques, a pesar de los obstáculos irracionales o interesados de algunos.

 

 

 

 

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