Camino de Santiago VI

IMG_0014Capítulo 5.Villeguillo-Castromonte

Al contrario de otras noches, no me desperté hasta que escuché el sonido de un gallo en la lejanía, así que al alba me levanté para prepararme lo antes posible, recoger todo como lo había encontrado e iniciar lo antes posible la  jornada. Dispuse la mochila ordenada y abandoné las llaves en el buzón antes de salir del edificio para dirigirme a un pequeño bar a desayunar mi tostada con aceite y azúcar y el caliente café mañanero. Con el estómago repuesto de alimento y siguiendo las indicaciones, flechas amarillas, iniciaba el Camino por tierras vallisoletanas con un primero objetivo de llegada, Alcazarén. El paisaje a mi alrededor continuaba siendo a base de pinos, pero éstos estaban dispuestos a lo largo de una carretera transitada sobre todo por camiones con lo que el ruido impregnaba mi caminar. Llegué a Alcazarén, lugar de edificaciones románicas-mudéjar, donde tomé un café en un pequeño alto en el Camino antes de abandonarlo rápidamente para buscar un nuevo objetivo: Valdestillas. El paisaje ahora cambiaba radicalmente, pues era difícil ver un árbol a no ser cerca de algún arroyo, y el sol dispuesto a mi espalda calentaba mis piernas peligrosamente pues los pantalones versátiles (cortos/largos) con cremallera que me cubrían las piernas se me habían rajado por la entrepierna y  tuve que tirarlos kilómetros atrás, así que ahora sólo disponía de pantalones cortos y medias para los gemelos y corvas, pero eran insuficientes para no recibir el sol y evitar las quemaduras, así que tuve que colocarme una toalla enganchada a la mochila con un imperdible y de esta manera evitar mediante esta pantalla improvisada los rayos solares. Un consejo: no dejes de llevar siempre 5 ó 6 toallitas húmedas de mano pues son de mucha utilidad, como en esos momentos. La toalla me evitó las quemaduras y el Camino seguía llano y monótono hasta llegar a Puente del Duero, donde me bajé al río para poner mis a remojo dado ques todavía me quedaban muchos kilómetros que recorrer en esta etapa y mis pies se estaban calentando en exceso. Tras refrescarlos me adentré en el pueblo para comer en un restaurante un plato de pasta y una ensalada. Agradable avituallamiento para unos momentos en el cual mis piernas resentían el cansancio pero que mi mente me indicaba que debía ponerme en marcha rápidamente para llegar a Simancas los antes posible para hacer noche. Así que hacia las 16,30 h. avistaba la hermosa localidad de Simancas desde una hermosa pradera  junto al río en medio de un paisaje espectacular. Me dirigí a un restaurante que tenía una pradera verde protegida por árboles enormes y de avanzada edad, que invitaba al descanso y disfrute del paisaje pero que yo sólo opté por la pausa acompañado de una cerveza sentado en una mesa de esa preciosa pradera. Junto a mí se sentó una joven que, llegaba hablando por su móvil tras recorrer en bicicleta las rutas de la comarca. Tras finalizar su llamada entablamos una conversación interesándose por mi lugar de partida y quedando asombrada por desconocer que desde Madrid existiera un Camino. Ella comentaba su peregrinaje por el Camino desde León y,  como es habitual, valorando éste como una experiencia positiva. Recuerdo que le pregunté por el albergue en Simancas pues la guía no indicaba ninguno y tal vez mi guía estuviera obsoleta, pero la joven, de un pueblo cercano a 20 km. de allí, no supo contestarme excusándose al no pertenecer a la localidad. Como no obtuve respuesta no tenía otro remedio que subir la tremenda cuesta hasta llegar al pueblo. Allí pregunté por el albergue pero, efectivamente, no había lugar para dormitar y, como no tenía ganas de pagar por dormir me armé de valor para continuar hasta el siguiente pueblo e  introduje unos frutos secos en la boca  para continuar andando con fuerzas hasta el siguiente pueblo del Camino, Ciguñuela. Ahora el Camino se convertía en un sube y baja de toboganes, y lo curioso es que la torre del pueblo se veía desde que se abandonaba Simancas, pero la visión engañaba. Los 6 km. de separación se hicieron pesados, pero a falta de 1 km para mi llegada me ocurrió algo insólito. Con el cansancio acumulado por del devenir del largo caminar de la etapa me encontré con un águila que delante de mí daba vuelos pequeños y se paraba de vez en cuando. Yo seguía mi caminar y ella se dejaba acercar cada vez más hasta que hubo un momento que se paró lo bastante cerca como para poder realizar unas fotos en posición defensiva. Deduje que debía estar herida, pero no me atreví a tocarla pues su agresividad y miedo ante mi proximidad y su extraño comportamiento me hicieron tener precaución de no acercarme, pese a que necesitaba ayuda, pero continúe mi Camino hasta un chopera a la orilla de un arroyo que cobijaba unas mesas con bancos. Paré para refrescarme nuevamente los pies y tomarme unas manzanas y allí encontré a un ciclista arreglando el pinchazo de su rueda delantera. Al comentarle el episodio del águila y me preocupación por el estado del animal, me indicó que la patrulla rural pasaba por el lugar varias veces y que seguramente lo socorrerían. Mi preocupación se disipaba en cierta manera de mi mente y, el refresco de mis piernas y el alimento de las manzanas y frutos secos soliviantaban mi cuerpo. Mi bienestar  se recuperaba tras el largo caminar y, además, el canto próximo de una perdiz me incitó a devolver su reclamo durante unos momentos hasta que el ruido de un coche nos cortó la comunicación. El coche avanzó unos metros  hasta detenerse metros  más adelante donde se bajaron dos personas que se sentaron en una mesa próxima con la intención de merendar. Yo me acerqué al lugar para depositar en un contenedor de basura mis residuos alimentarios y, tras saludarles, éstos me invitaron a compartir queso y vino de la tierra mientras dialogábamos. Ambos comentaron que pertenecían a una sociedad de cazadores, llegando a ser Presidente y Secretario respectivamente, pero que hacía tiempo que no cazaban porque el entorno, con tantos cerros, les agotaba en la práctica cinegética que tanto amaban, con lo que ahora sólo cazaban en momentos puntuales yendo en cuadrilla, y por el contrario,  hacían más salidas para comer que para cazar. Ante mi relato del águila, uno de ellos se alegró, mientras que el otro fue más condescendiente y me volvió a informar sobre la presencia de la patrulla rural por estos lugares.

El águila se quedó allí, supongo que la patrulla lo encontraría, y poco tiempo después me adentraba en el pueblo en busca del albergue. Me olvidé de ir a la guardia civil y encima mi operador telefónico no operaba en esa zona con lo que mi cobertura era nula. Tras localizar el albergue e inscribirme, me indicaron el protocolo de acogida, similar al de otros albergues del Camino con lo que rápidamente me adapté al entorno y después de ducharme me dirigí a un bar para cenar. Allí la acogida fue buena y respetuosa, se notaba en el ambiente, supongo que por estar más habituados a los peregrinos. Tras cenar salí a dar un paseo para visitar el pueblo y en su zona más alta encontré a una pareja que paseaba a sus perros mientras uno de ellos hablaba con su móvil. Me acerqué a la joven para preguntar si era posible hablar desde ese lugar, ante lo que me respondió que la cobertura era muy poca y que sólo una compañía disponía de ella, que desgraciadamente no era la mía. Al percatarse de mi infortunio me ofrecieron su móvil para llamar a mi familia. Hice mi llamada diaria para indicar mi situación y mi estado y cuando finalicé les agradecí gratamente su amabilidad. De regreso al albergue iba reflexionando sobre la etapa a modo de flashes: el águila, la cobertura del teléfono, los cazadores, etc. Poco después de llegar al albergue me introduje en mi saco y di  por terminada aquella  jornada.

Al día siguiente, habiendo descansado bastante bien, me dirigí en busca de mis preciadas tostadas y café, tras las cuales inicié una nueva etapa en el Camino, con un pueblo como primer reclamo: Wamba. Cuando llegué a Wamba descubrí que no tenía nada de especial pese a su ilustre nombre, era llano, sin árboles, sus rastrojeras careadas por el ganado y, como el Camino en sus inmediaciones,  solitario. Recuerdo que la salida del pueblo estaba algo complicada y pese a que me indicaron bien debí de entender mal pues al llegar a una casa con pozo continúe recto en vez de girar a la izquierda, continuando unos 15 minutos lleno de dudas. Presentía la equivocación pero avanzaba hasta que llegué a una carretera comarcal donde me detuve y esperé a que pasara algún coche que me indicara. Después de un buen rato de no pasar nadie decidí continuar por el camino que llevaba en dirección norte pues pensaba que no me podía desviar mucho. Anduve como unos 3 km. y al subir a una pequeña meseta divisé a un pastor con su ganado careando una extensa tierra pero daba la casualidad que venían hacia mí. Aflojé el paso para coincidir con él y, tras intercambiar una breve conversación, me quitó todas las dudas: me había equivocado en aquel giro a la salida del pueblo, debía de  haber hecho una L hacia derecha después de salir del pueblo en línea recta, en vez de eso había salido hacia la derecha y luego cogí en línea recta. Pero aunque no seguí el camino indicado, el destino me incorporó a él sólo con la intuición de coger la dirección norte como había hecho. Ya seguro, y guiado por las señales comencé a avanzar en dirección a Castromonte. El paisaje no aportaba nada pero había más actividad en el campo, se veían a la distancia tractores y esparcidores de estiércol. Se notaba que estaba en tierra de campos abiertos donde el horizonte dejaba ver muchos kilómetros. Cuando llegué a Castromonte me di cuenta que era temprano así que caminé por sus calles, incluso me senté en uno de sus bancos para un pequeño descanso antes de entrar en su antigua Iglesia donde doné un 1 euro en su cepillo, compromiso éste el de donar un euro a cada Iglesia que pudiera visitar. Fue Castromonte un lugar donde di gracias por el Camino y mi buen discurrir por él.

 

Reflexión: Uno se puede perder en el Camino, pero el Camino te encuentra si de verdad eres un Caminante.

 

One thought on “Camino de Santiago VI

  1. Antonio , estoy haciendo el seguimiento de este magnífico relato sobre el camino y quiero hacerte una sugerencia. En cada capítulo pones una frase que es una perla de sabiduría de tu experiencia , por que no le añades también al principio de cada post

    Un abrazo

    Mercedes

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