Camino de Santiago VII

Capítulo 6. Castromonte-Sahagún

Tras visitar su Iglesia continúe mi recorrido con un sol abrasador a mi espalda por un camino sin apenas sombras hasta llegar a Valverde de Campos ya a la hora de la comida. A la entrada había un bar que anunciaba menú para peregrinos que resultó ser el mismo para todos pero con un descuento de 1 euro para el peregrino. Tras tomar el café me puse en marcha con la intención de llegar al punto establecido como fin de etapa, Medina de Rioseco, lugar donde me encontraría con mi hijo Pablo quien regresaba desde Cantabria y se encontraría conmigo allí. Por mi cuerpo las sensaciones ahora eran distintas, el haber quedado con mi familia al final de la etapa me hacía que mis fuerzas revivieran con tanta intensidad que los 6 km. que me separaban del objetivo los caminé tan absorto que me equivoqué a la entrada del pueblo, pues continúe recto en vez de haber girado a la derecha y eso me hizo dar un gran vuelta de algo más de  2 km, y entrar por la carretera de Toro en vez de por la carretera de Valladolid donde se situaba el albergue. Llamé a los teléfonos del puesto de la Cruz Roja según me indicaron y éstos me enviaron a un Convento de Monjas de Clausura donde me dieron aposento y una acogida fenomenal. Ya en el convento me indicaron donde se encontraba la cocina, el lavadero y el tendedero y si necesitaba algo: el torno de la entrada. Una vez allí me encontré con dos peregrinos; Miguel Ángel, que venía desde Segovia con quien compartí habitación y José, que en otra estancia se disponía a iniciar el Camino desde ese lugar tras haber estar hospedado tres días antes en oración y descanso. Fueron momentos alegres al encontrarme en ese lugar con otros peregrinos. Poco después de ducharme sonó el teléfono, era mi hijo quien ya había llegado a la población y quería saber donde me encontraba para reunirse conmigo. En poco más de cinco minutos mi alegría se disparó al reencontrarme con él y, como no podía ser menos, un fuerte abrazo fue el preludio de una tarde diferente. Tras intercambiar un breve repaso sobre el Camino y mi condición, nos adentramos en Medina en busca de un bar que nos habían indicado las monjas donde tenían menús de peregrinos y el trato era muy cordial. Localizado el bar,  como era temprano todavía para cenar, tomamos una cerveza y un refresco antes de ir en busca de unos pantalones largos que evitaran el sol en mis piernas de las próximas jornadas pues el sol  lo iba a tener más a mi espalda y,  por consiguiente, mis piernas se podrían enrojecer más de lo debido con las consecuencias que eso conllevaba. No sólo encontramos rápidamente los pantalones sino que nos dio tiempo para visitar su Iglesia mientras conversábamos sobre mi andadura por el Camino. A eso de las 7,30 horas regresamos al bar para cenar pues mi hijo todavía debía conducir otras 2 horas hasta llegar a su domicilio en Madrid y por tanto era prudente no alargar su viaje más de lo debido. Una cena con la mejor compañía que podía tener fue el preludio a la despedida en el albergue hasta donde me acompañó antes de partir hacia su domicilio en Madrid. Lleno de alegría y de tristeza a la vez,  me dirigí a mis aposentos donde ya estaba Miguel Ángel quien se estaba preparando su cena. Me invitó a cenar pero como ya había cenado acepté una infusión mientras comentábamos nuestros experiencias en el Camino. Resultó que él había salido de Segovia un día antes que yo y al hablar del albergue de Zamarramala me indicó que éste estaba sucio y abandonado y que por tanto me había librado de una mala experiencia al haberme quedado en Segovia. Nos compenetramos rápidamente y la sensatez salía a luz en la conversación que mantuvimos. Sus valoraciones del Camino desde Madrid eran semejantes a las mías, incluso me indicó que él  había decidido salir desde Segovia en vez desde Madrid pues antes de iniciarse en el peregrinaje había llamado a Tres Cantos y Manzanares y como la información facilitada no le convencía, como efectivamente mi experiencia corroboraba, decidió ese lugar de partida. Hablamos un buen rato y decidimos continuar juntos en nuestro peregrinaje durante el tiempo que él estuviera en el Camino, pues aunque debía estar en Ponferrada el sábado quería hacer dos etapas por el Camino del Norte y por tanto me acompañaría hasta León para luego pasarse al Camino del Norte y poder estar en  Ponferrada el sábado 21 de septiembre.

A la mañana siguiente nos levantamos al alba y desayunamos juntos en la cocina unas tostadas, galletas y leche que nos habían proporcionado las monjas. Partimos hacia Berrueces con un paso sostenible de 4 km/h. así que en poco tiempo llegamos a la localidad donde mi compañero de viaje, amigo de la fotografía, realizó numerosas fotografías de edificios y demás del pueblo. Tras estar poco tiempo continuamos nuestro viaje hacia Moral de la Reina por un camino sin dificultad inmerso en un paisaje poco atractivo salvo por las mariposas que deambulaban a nuestro alrededor de vez en cuando o los saltamontes que a ambos lados del camino brincaban de un lado para otro. Nuestro caminar era constante y la conversación fluida sobre muy diversos temas, con prismas diferentes pero enriquecedores e incluso compartimos las mismas opiniones del Camino. En nuestro caminar atravesamos Moral de la Reina y Cuenca de Campos e hicimos parada para tomar un bocadillo con unas cervezas en Villalar de Campos donde empezaron a facilitarnos información sobre el Camino francés. Nos informaron que los albergues en esa parte del Camino estaban llenos por lo concurrido que estaba el Camino en esta época de año. Decidimos entonces que en vez de pernoctar en Sahagún como teníamos pensado dormiríamos en Santervás de Campos. Miguel Ángel me enseñó a tener una alimentación sana y barata, para ello sólo necesitábamos tener cocina en los albergues donde parásemos. Hacía unas ensaladas de legumbres varias que mezclaba con verduras de todos los colores y tomates.  De esta manera proporcionaban las proteínas, y las animales sólo estaban presentes mediante el  huevo. No obstante, también incorporaba sardinas entre los complementos.  Así que esta dieta estuvo presente muchos días en nuestras cenas. Transcurrido el descanso, con la fresca de la mañana pusimos rumbo hacia Sahagún para incorporarnos al Camino francés. Cuando llegamos a esta ciudad nos encontramos que el ambiente era totalmente diferente al estar lleno de peregrinos y ser una ciudad impregnada del continuo flujo del peregrinaje. Ese halo se veía en todos los rincones y en la conducta de sus habitantes, algunos hospitaleros y otros más volcados en el negocio que en el servicio al peregrino. Allí conversamos con una peregrina proveniente de Italia que hacía el Camino por una promesa espiritual y nos acompañó hasta León en nuestro caminar. Los motivos de los peregrinos son muchos, pues las razones son diversas, espirituales, penitencias, o bien,  como medio de escape o de reencuentro a una situación interior a la cual no puedes modificar o incidir.

Reflexión: El Camino es una salida, pero a la vez un encuentro con otros sentimientos, bien que están ocultos en tu interior, bien que te los aportan otros peregrinos o su entorno.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>